Jan 10, 2008

Mano suelta...

Esto de aquí se llama mano suelta y se trata de dejar que los dedos escriban algo y se lo presenta tal y como ha sido su origen, sin edición alguna....


"No queremos cerrar los ojos…"


Siempre se teme, cuando se toma alguna decisión, haber tomado la incorrecta.
Cuando tenía diecinueve años y acababa de salir del Seminario de San José de Lima, y llegaba con mis maletas a aparecerme delante de mi madre, un veintitantos de setiembre del año 2000, creí haber tomado la peor decisión de todas aquellas que me precedían en tiempo y madurez. Había llegado a las seis de la mañana y caminaba extenuado por las calles, silente y sin cansancio por el peso de los bultos que colgaban de mis brazos. El sol apenas si aparecía entre las piernas de algunos tejados. Yo temía que mi madre se moriría de cualquier infarto, mi abuela se alocaría y empezaría a fusilar con la escopeta hechiza que se encontraba en nuestra vieja casona que hoy por hoy ya no existe. Temí tantas cosas. Desde luego, temí las represalias de mis amigos, quienes probablemente se burlarían de que yo no sea lo que tanto me atiborraba en decirles. Un error fue haber ido al Seminario y perder mucho tiempo. También fue un error haber querido preparar toda una estrategia para explicarle a todo el mundo por qué razones no me quedaba en ese lugar, habiendo una forma más correcta y directa de decir: Eso no es para mí y punto.
Fue un error que me tomó mucho tiempo descubrir su importancia en mi vida. Pero el error es error aquí como en la China. Descubrir las enseñanzas que deja, es lo complicado. Algunos no podemos con la fuerza que representa dicho error y no hacemos sino lamentarnos hasta que caemos en una depresión imposible de curar y con esas heridas morimos toda la vida. Otros, también podemos adoptar una posición más luchadora, enfrentarnos contra nuestra propia culpa, levantarnos y seguir adelante. Nadie ha muerto sin haber cometido errores. Quien lo haya hecho, o ha sido muy retrasado mental como para no desenvolverse en la vida, o ha sido Dios.
Cerremos las heridas. No las ocultemos. Sanémoslas. Para seguir viviendo, en esta vida, al menos, tenemos que tener la mente y el corazón sin ningún tipo de basura que contamine nuestros pensamientos y nos haga seres rencorosos que lo único que buscan es venganza y nada más que venganza, habiendo tantas maneras de demostrar mayor valor, como por ejemplo perdonando.
Algo me dice que tengo que descansar un poco. Creo que lo que no puedo decirlo con palabras, podré decirlo con esta canción de Francis Cabrel. De su mensaje rescato lo siguiente:

On s'envolera du même quai
Les yeux dans les mêmes reflets,

Pour cette vie et celle d'après

Tu seras mon unique projet.


Partiremos del mismo puerto
los ojos en los mismos reflejos
por esta vida y la que sigue
tú serás mi único proyecto



Enjoy!.

1 comment:

Gaviota said...

Qué bien escribes niño lindo.
Nunca me gustaron los perfectos inmaculados, aquellos que jamás hacen algo mal o nunca cometen errores, eso no es natural, los errores son de nuestra estirpe y ellos te hacen ser mejor y valorar al conocer, eres un sabio, besitos.